«Esta es la historia de alguien que buscó desesperadamente un lugar en el mundo y no lo encontró.» Crónica de la presentación de «Kitschfilm», de Carlos Piegari (El Transbordador).

Presentación Kitschfilm

NARRATIVA

Publica El Transbordador

Posfacio de Fernando Jiménez

El lunes 28 de mayo tuvo lugar en la sede del Centro Andaluz de las Letras en Málaga la presentación de Kitschfilm, último libro publicado por Ediciones El Transbordador. El autor, Carlos Piegari, y la artista Sonia Abian estuvieron acompañados por su editora Pilar Márquez en un acto donde se nos dio a conocer la historia de Adolf Neunteufel, personaje real sobre el que gira esta novela con un fuerte componente biográfico y documental. Una presentación que forma parte de la programación del ciclo Palabras Sin Fronteras, puesto en marcha este año por el Centro Andaluz de las Letras, en el que se establecen vínculos entre la literatura de diversos países (especialmente las iberoamericanas y de países mediterráneos) bien con la literatura española o, más específicamente, con la andaluza.

Tras los consabidos agradecimientos de la editora a los asistentes, al Centro Andaluz de las Letras, a Fernando Jiménez (que además de hacer las gestiones para acoger el evento es autor del postfacio de la obra) y a Carlos y Sonia, Pilar Márquez empezó hablando del autor. «Carlos, para mí hoy, sigue siendo un misterio. Me parece una persona con gran cantidad de capas y con la que, a medida que vas hablando, te vas maravillando» fueron sus primeras palabras antes de detallar una biografía por la que supimos que, además de escritor, es músico, productor musical y artista, además de un «burócrata de la cultura» porque, como el propio autor explicó, «siempre me gané la vida escribiendo, pero para otros».

Carlos, desde muy joven, trabajó con diferentes registros (la canción, el proyecto, la crónica periodística…) que tuvo que aprender para poder ganarse la vida, pero entre ellos no se encontraba el de la literatura, una cuenta pendiente que tenía «porque la propia vida no me permitía ese tipo de recreos». Y así fue hasta que llegó el momento en que se dijo «me parece que no hay más tiempo: estoy más cerca del cien que del cero» y se aventuró en la escritura de este Kitschfilm que le ha llevado años de escritura y documentación.

Cómo empezó todo

Todo empezaría cuando menos lo esperaban tanto Sonia como Carlos. Era el año 2007 y paseaban por las calles de una ciudad alemana cuando se encontraron un libro en una librería de viejo que supuso el disparador de su aventura literaria. Fue ese objeto tangible que, al encontrarlo, despierta una magia inesperada que desencadena a la creatividad. Se trataba de un libro que la historia tapó, inédito en castellano, de alguien que vivió en una zona que es conocida como La Triple Frontera, un enclave donde se unen las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay. Un punto en el Cono Sur muy especial dado que, precisamente por su naturaleza de triple frontera, ocurre de todo. «Tanto bueno como malo», dijo el autor. «Traga gente, traga sueños, hace triunfar gente, oculta… hay contrabando, hay tráfico… hay amor, hay cruces (…) es un lugar de lo que Néstor García Canclini conceptuó como hibridación cultural: una total y absoluta.»

El encuentro con ese libro, como hemos dicho olvidado por la historia e inédito en castellano, es casual pero no así su atención hacia él ya que reconocieron el nombre del autor por historias de la abuela de Sonia. Se trataba de un alemán o austríaco que, desde mediados de los cuarenta hasta la década del setenta, se ganó la vida como pintor naíf en esa Triple Frontera: sobre todo, en la ciudad donde Sonia Abian nació y Carlos vivió diez años con ella. «Era uno de tantos personajes centroeuropeos perdidos que llegaron y se hundieron en el olvido. El quedó pintando sus cuadros, vendiéndolos por lo que le daban, para sobrevivir y, en nuestra casa habían cuadros de él. (…) Entramos en una librería de viejo y encontramos esto», Carlos nos enseñó el libro comprado, titulado Yasí-yateré. Acht Jahre Tierfang und Jagd im Urwald von Paraguay (Yasí-yateré. Ocho años de captura y caza de animales en la selva de Paraguay). «De ahí nació todo.»

Descubrieron que ese empobrecido pintor naíf de andar solitario que vivía de prestado en un lanchón no siempre fue uno de esos perdedores en ámbitos rurales de lugares tropicales, perdedores no tan conocidos y estudiados como los urbanos –más presentes en nuestro imaginario gracias, entre otros al noir norteamericano– pero bastante comunes. Adolf Neunteufel, que así se llamaba, emigró al Alto Paraná con un carnet del partido nazi y, entre otras cosas, se dedicó a la caza de animales para museos y circos europeos. Volvería a Europa para alistarse en la Wehrmacht y no tardaría en volver como un apátrida.

La Triple Frontera
La Triple Frontera, donde confluyen las fronteras de Argentina, Brasil y Paraguay,

La historia de Adolf Neunteufel

«Después de la Primera Guerra Mundial, los países del sur de Europa emigran por hambre» explicó Carlos. «A la Triple Frontera, la inmigración venida de países como España o Italia llegaba por miseria. Pero, aunque la gente cree que no, también llegaba una inmigración de países más al norte, sobre todo del centro de Europa.» Una inmigración polaca, ucraniana, rusa, sueca, alemana y austríaca mayoritariamente harta de lo que sucedía después de la Primera Guerra Mundial que tenía por único fin fin sobrevivir. «O más que sobrevivir, supervivir en un medio inhóspito y duro (…) Pero en esa Nave de los Locos que llega también hay otro tipo de personajes, sobre todo en la década de los Veinte: jóvenes urbanitas de unos veinte años que sentían un hartazgo y una falta de horizontes (…) Se desplazan muy infectados por el mito romántico del «wanderer», de salir al mundo a la aventura.» Estos jóvenes escogían Sudamérica porque querían emular los viajes y aventuras de antecesores eminentes (como puede ser, por ejemplo, Alexander von Humboldt) y Adolf Neunteufel fue uno de ellos. Llegó en 1932 y vivió ocho años espléndidos de aventuras en los que se relacionó con otros colonos centroeuropeos (que a diferencia de los mediterráneos, eran muy endógenos) y cazó y envió pieles, pájaros embalsamados o vivos y piezas de toda clase de fauna para museos y circos centroeuropeos. Así fue hasta que llegó la Segunda Guerra Mundial.

Los periódicos que llegaban a las colonias de centroeuropeos en La Triple Frontera habían ido mostrando la gran mejoría en la calidad de vida que habían supuesto las transformaciones a las que desde 1933 se habían sometido Alemania y todo lo que es el Reich. Un estado de bienestar para los afines al régimen que supuso el regreso de muchos de estos colonos, entre ellos Neunteufel que, tras casarse con una alemana también hija de colonos, se trasladó muy ilusionado a Europa. «Pero la ilusión se destroza en 1943», nos contó Carlos. «Este hombre estuvo en el frente oriental. Lo logré ubicar, con registros fehacientes hasta Praga en 1942. Puede ser –hay una certeza oral– de que en 1941 forma parte de lo que es la Operación Barbarroja; o sea, que va al este (…) por lo que este hombre estuvo en el frente de Stalingrado casi seguro. Y ahí comienza la debacle…» Aquello no era lo que nuestro protagonista esperaba y, aunque no hay evidencias documentales, lo más probable es que desertara porque sí que hay evidencia de que consiguió un visado para Brasil en París.

Adolf Neunteufel regresaría a la tierra donde fue feliz alguna vez, el Alto Paraná, pero ya no se reconstruirá nunca más. «Ahí comienza la decadencia», relató Carlos un tanto apesadumbrado. «Lucha mucho, con su mujer, por intentar tener esa vida romántica o esa esperanza de triunfo que ellos soñaron… Cuando comencé a escribir sobre él me enojé mucho. Viví años enojado hasta que un día decidí que, como con los padres, no podía seguir viviendo enojado con él y había que hacer las paces. Comencé entonces a sentir una tristeza y una gran lástima, y también a comprenderlo, porque fue alguien que vivió toda su vida buscando un lugar en el mundo… y no lo tuvo. Esta es la historia de alguien que buscó desesperadamente un lugar en el mundo y no lo encontró.» Haciendo el análisis de la vida de Adolf Neunfeutel, Carlos sacó la cuenta de que desde los veinte años hasta los 75 que murió nunca vivió en una casa de verdad. «La precariedad del hábitat es algo que duele mucho (…) Siempre vivió debajo de una tienda de campaña, en un lanchón amarrado en el puerto… todo en techos precarios. Y es muy duro vivir cincuenta o sesenta años prácticamente a la intemperie» explicó. Y cuando su labor documental le llevó en el año 2014 a encontrarse con uno de los dos hijos de Adolf, la frase más triste que le escucharía sería: «»nosotros queríamos tener un terrenito… un terrenito cerca del río. Porque no es lo mismo vivir en un terrenito propio que toda la vida en un barco» (…) Para este hombre tener un terrenito era lo más, y ahí empecé a pensar que, en vez de enojarme, tenía que mirarlo de otra forma. Lo más terrible de toda esta historia», concluyó Carlos «es que sus dos hijos repiten la misma vida de pobreza del padre.»

Mesa Presentación Kitschfilm
De izquierda a derecha: Sonia Abian (artista), Carlos Piegari (autor) y Pilar Márquez (editora).

El lugar y el valor para la ficción

En este libro al que Carlos, en compañía de Sonia, ha dedicado tantos años no solamente entra toda esta parte histórica constatada y documentada. El autor aprovecha para introducir también una parte de ficción y dejar en manos del lector evaluar qué es lo real y qué lo ficticio. «Y realmente creo que ni siquiera importa», dijo Pilar Márquez. «Desde mi punto de vista, al cerrar el libro no te importa si ha sido real, si no, qué parte lo es… y creo que es muy interesante investigar luego por uno mismo qué se adscribe a la realidad y qué no.» Añadió lo que  Ekaitz Ortega, autor también en El Transbordador, le había dicho el día anterior respecto al libro ya leído: «Al empezar a leer el libro se preguntó a dónde le quería llevar el autor pero en cuestión de pocas páginas dejó de importarle. «Me da igual a dónde me lleve: no sé dónde me quiere llevar pero no me importa».» Y es que Kitschfilm es un libro «de camino». Un camino el del libro que, más allá de que sea una historia más o menos completa, aprovecha la excusa de la vida de Adolf Neunteufel para hablar de muchas otras cosas, como pueden ser la editorial alemana Brockhaus, por ejemplo, o del origen y el fin de la tipografía Fraktur. «Hay historias dentro de la historia que vas encontrando sin más motivo que el placer de leerlas.»

Antes de dar paso a Sonia, que nos hablaría de las imágenes de las que es coautora y que conforman un anexo en el libro, Carlos quiso saber si había alguien entre el público que trabajara o hubiera trabajado en prensa impresa porque, desde el fallecimiento de Tom Wolfe, venía dándole vueltas en la cabeza a un tema. Nos contó que una de sus obsesiones con Kitschfilm era darse el permiso para comprobar hasta qué punto se puede trabajar la fusión de ficción y el registro documental y con humildad y probablemente cierta inconsciencia, jugó hasta un límite donde la ficción podía superar o entrar en la realidad. Carlos, que ha trabajado como periodista, piensa que en prensa impresa –donde cree que está la crisis– todo es muy rígido por la limitaciones del soporte y porque se usan una serie de fórmulas establecidas a la hora de relatar según qué tipo de noticias. El planteamiento al que le viene dándole vueltas es, en palabras suyas, «si a lo mejor forzamos el trabajo sobre la forma en que relatamos, y si de pronto, dentro de esa prensa escrita, entran otros estilos, otros registros; o nos animamos a romper las reglas… ¿qué pasaría?»

La respuesta por parte de uno de los asistentes fue que hace unas semanas, en la presentación del libro Amor Fou que se había hecho en la misma sala en la que nos encontrábamos, la autora Marta Sanz afirmo que para ella «la ficción es verdad» y explicó por qué (explicación que encontrarás en mi crónica del evento). «Durante muchos años, la mitología ha estado como denostada», dijo el asistente, «porque es como ficción, pero la mitología te puede decir verdades –como lo puede hacer la poesía– con mucha más certeza que la narrativa o la propia historia. Es como que lo que es ficción tiene menos valor, y no es verdad.» Carlos estuvo de acuerdo y piensa que, en algún momento, se tuvo que establecer un canon occidental que determinó lo que era verdad (que es lo que está bien) y lo que era mentira (que es condenable). «¿Pero quién decidió eso? ¿Por qué?», se preguntó, y sostiene que estamos en un momento en el cual se puede producir el cambio.

El Dossier de Las Conferencias Secretas de la Costa Brava

Kitschfilm incluye en su parte final un anexo de imágenes y documentos de investigación en las que ha trabajado Sonia Abian con otro artista. Querían que al texto lo acompañara una selección de imágenes y documentos que bien podrían haberse presentado en un formato clásico, es decir, individualmente, tal cual, de forma que uno sabe lo que va a encontrar con solo verlo. Pero como la obra combina la investigación con ficción les pareció interesante emular la idea siguiendo una de las líneas ficticias del texto, las historias de tres personajes que van tras la pista de Adolf Neunteufel y periódicamente se reúnen para intercambiar información en lo que ellos llaman Las Conferencias Secretas de la Costa Brava, y trasladar esa documentación en forma de dossier. «La idea del dossier es la combinación del documento de investigación en el marco de esa historia, de forma que se presenta el documento pero siempre acompañado por otros elementos visuales que tienen que ver con esas diferentes historias», explicó Sonia.

Un dossier organizado en fichas, cada una con su propio nombre, que toman la forma de página en la que se recogen documentos que guardan alguna relación y que, además, combinados guardan una segunda lectura. Así por ejemplo, la primera ficha que nos mostró se llama Chivato, Orquídea y Estrella Federal, que son los nombres de tres flores y las palabras que conforman un mantra que repite uno de los personajes en un momento del libro. Un mantra que se repite tres veces en la obra y que en la ficha, en cada una de las series se sustituye la imagen de una de las flores por alguno de los documentos relacionados con la muerte de Adolf Neunteufel (su tumba, el número de identificación de su tumba y el cementerio de la ciudad donde vivió; ciudad precisamente conocida por sus chivatos, sus orquídeas y sus estrellas federales). «Pero al mismo tiempo, el sentido de dedicar una ficha a las flores tiene que ver con otro tema transversal del libro más vinculado con lo que hoy llamaríamos violencia de género. Una serie de escenas donde mujeres están siendo, de alguna manera torturadas y tratadas como bocas inútiles», explicó Sonia, que quiso reivindicar este último un término porque tiene que ver con una obra de teatro escrito por una feminista, Simone de Beauvoir, en 1944: precisamente el año en que Adolf Neunteufel estuvo en París tratando de conseguir el visado a Brasil. «La idea de la flor, y la vinculación con esta temática, viene por el lado de que la flor representa un poco lo que la sociedad espera de las mujeres: que sean bellas, que iluminen la vida de los demás y que, cuando ya se marchiten, se hagan a un lado para que lleguen otras nuevas. Y además, a las mujeres se nos regala flores (…) Imaginamos detrás de esas flores todas esas escenas que ustedes van a ir descubriendo.»

Yasí-Yateré
El libro que desencadenó todo: Yasí-yateré. Acht Jahre Tierfang und Jagd im Urwald von Paraguay (Yasí-yateré. Ocho años de captura y caza de animales en la selva de Paraguay).

La segunda ficha, por poner otro ejemplo, se llama Mitos 13 y está vinculada al libro que inició su aventura literaria, Yasí-yateré. Acht Jahre Tierfang und Jagd im Urwald von Paraguay (Yasí-yateré. Ocho años de captura y caza de animales en la selva de Paraguay). «El Yasí-yateré es un pájaro» explicó Sonia mientras señalaba el dibujo de un pájaro hecho por Adolf Neunteufel para su libro, «pero en el mito popular, el yasí-yateré es este duende que vemos aquí», y señaló otra ilustración en óvalo junto a la del ave. «Un duende que rapta niños, especialmente niñas, las lleva al monte, las alimenta y después pueden aparecer o no, pero cuando aparecen tienen algún problema para hablar.» Como si no pudieran expresar lo inefable. A estas dos ilustraciones las acompaña un titular de periódico en la prensa de la zona en la que puede leerse «Sospechan que un duende las durmió y las llevó hasta las vías»: un caso real de niñas que habían desaparecido y un titular que, cuando se nos explica que el mito del yasi-yateré era usado para justificar embarazos y encubrir violaciones, se interpreta muy distinta; un machismo que enlaza con el de la primera ficha y en el que un periodista, en lugar de desenterrar la verdad, se preocupa de enterrarla más profundamente y diluir el hecho criminal.

A estas dos fichas le siguieron unas cuantas más en las que veríamos la foto de una tienda de campaña de Adolf Neunteufel (con un banderín nazi) así como la de un supuesto desfile en el Alto Paraná de simpatizantes del nazismo; también guiños tanto al cómic Maus de Art Spiegelman como al cuento Los Músicos de Bremen de los hermanos Grimm; y alusiones a la batalla de Stalingrado, donde se supone que estuvo el protagonista de la historia, como a la Costa Brava, donde se celebraron las ficticias conferencias secretas… Fichas que tocan temas variados, como el citado del machismo o, por poner otro ejemplo, el de la modernidad. Documentos combinados tanto para acompañar la lectura de la novela como para ser interpretados en sus segundas y hasta terceras lecturas.

Palabras finales

Sonia terminó su intervención confesando que al principio le costó seguir un hilo. «Lo que yo podría decir –porque yo fui la primera lectora del libro, lo fui leyendo a medida que se iba escribiendo– es que me costó mucho armar una trama en el sentido de decir «la historia empieza aquí y acaba acá» porque la obra tiene muchas capas, muchos fragmentos. De ahí que decidiéramos hacer el aparte de imagen, un dossier al final.»

Pilar, por su parte, quiso aclarar, que la obra es una novela. «No es una biografía al uso ni es un archivo documental. Está escrito y se lee como si fuera una novela. Sin embargo, es cierto que te va despertando ganas de aprender sobre todos los temas que te van saliendo, que son muchos y, además, muy interesantes.»

Para finalizar, Carlos quiso que sus últimas palabras estuvieran dedicadas al perdedor en la vida que acabó siendo Adolf Neunteufel. «Él y su esposa tenían un afán de protagonismo social y de reconocimiento bastante marcado. Él lucha hasta el último momento para ser reconocido como científico (…) Quería que sus patrones de Munich le reconocieran como el ornitólogo o el naturalista que había estado en la selva catalogando las especies. Quería ese modelo cultural de éxito pero, además, reconocido académicamente. Un reconocimiento oficial… pero no, no le llega (…) Encontré un texto en el que el director de Ciencias Naturales de Munich «agradece a el envío que le llegó del alto Paraná de nuestro habitual recolector Adolf Neunteufel.» Aquellos patrones a los que tanto quería impresionar lo llaman simplemente recolector, y un recolector es solamente, y con mucha suerte, un coleccionista, pero no el científico que aspiraba a ser. Hasta el día que se muere quiere ser reconocido como el científico, y no lo consigue. Eso me dio mucha pena, la verdad.»

Tras los ruegos y preguntas, se puso fin a esta estupenda y enriquecedora presentación cuya transcripción espero que hayas disfrutado tanto como disfrutamos el acto los allí presentes. A continuación, como es habitual, te dejo los datos del libro y el enlace de las librerías donde puedes encontrarlo.


Kitschfilm
Kitschfilm – Carlos Piegari – El Transbordador

Sinopsis

En 1932 Adolf Neunteufel, «Nueve diablos» en alemán, con una mochila, un fusil y un carnet del partido nazi emigra desde Austria hasta el Alto Paraná. Durante ocho años se busca la vida cazando y despachando hacia museos y zoológicos europeos miles de animales vivos, embalsamados o desollados. También estudia y clasifica los pájaros de la región, referencia científica hasta el día de hoy. Se casa con una hija de colonos alemanes, iniciada la Segunda Guerra Mundial regresa ilusionado a Europa. Se alista en la Wehrmacht. En 1945 deserta y, con su mujer y dos hijos, retorna al Alto Paraná como apátrida. Subsiste reencarnado en el «pintor de la naturaleza» vendiendo cuadros naíf por lo que le dan. Con su familia malvive en un lanchón amarrado en el puerto de la ciudad de Posadas.

A mediados de 2007, en una librería de viejo en la ciudad de Kassel, es encontrado un libro: Yasí-yateré. Acht Jahre Tierfang und Jagd im Urwald von Paraguay (Yasí-yateré. Ocho años de captura y caza de animales en la selva de Paraguay), la primera edición de 1941 publicada por la famosa editorial Brockhaus, enterrada en el pasado y nunca traducida al español. El autor, Adolf Neunteufel. Siete años después, quienes hallan aquel libro perdido localizan a orillas del río Paraná a los dos hijos de Neunteufel y desempolvan un álbum con fotos del ornitólogo durante la Segunda Guerra Mundial. Investigan tres años en Sudamérica y Europa. Documentos, traducciones, cartas y testimonios giran en cronoloop. Escenas editadas a machetazos de un Kitschfilm rodado en las Cataratas del Iguazú.

Sobre el autor

Todo empezó en Buenos Aires unos meses antes de que Perón asumiera su segundo mandato. Seis años después lo internaron en un conservatorio musical. Logró escapar, fue capturado y lo embarcaron a Italia. Regresó, ganó algún premio literario y compuso canciones. Algo de eso tuvo éxito. Luego los Blue Meanies tomaron el poder y se compró un ticket to ride a España. Volvió a casa para Navidad. Estudió Filosofía y otras cosas más. En el juego de roles el dado le asignó ser redactor, músico, productor artístico y burócrata de la cultura. Reencarnó varias veces, desde el Y2K vive en Barcelona. Hace unos años volvió a escribir.


Encuadernación: Rústica con solapas.

Nº páginas: 238.

ISBN: 978-84-948614-0-6

Precio: 17,95€.

Librerías donde puedes encontrarlo: Aquí.

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